Cómo arruinarla, o cómo conseguir que acabes odiando a su personaje principal.
Las Chicas Gilmore es una serie que comencé a ver a la edad de su protagonista, y prácticamente, fuimos creciendo a la par. Es probable que, en concreto por este motivo, me decepcionase tanto que acabaran con la esencia de Rory Gilmore.
Siempre he defendido la calidad de esta serie admirando y destacando su realismo. El cual, convertía una trama tan sencilla y tan común, en una historia que enganchaba. Y una de las cosas más sencillas, y a la vez extraordinaria, era Rory. Rory era una quinceañera muy tímida, inteligente y estudiosa (atributos que en la adolescencia no son demasiado populares). A veces insegura y un poco “rara”. Apenas tenía amigos y pasaba totalmente desapercibida, y por eso la queríamos (al menos yo). Entre otras razones, porque no era la estrella despampanante que habitualmente protagoniza las series made in USA.
La vimos enamorarse y desenamorarse, y la entendimos. Entró en Yale, cometió un par de errores y a mí el ceño se me empezó a fruncir. Pero oye, un fallo lo tiene cualquiera, y esta chica no podía ser perfecta. Sin embargo, los guionista,s tropezón tras tropezón acabaron cayendo en los tópicos que la serie había estado evitando durante cuatro años; Rory se convirtió en la chica perfecta y popular que consigue enamorar al soltero de oro y adinerado, abandona los estudios y a su madre y se transformó en una de esas snobs que tanto había odiado en su tierna adolescencia. En resumen, sufrió una involución pasmosa.Pero no quiero ser injusta, esta serie nos dio cuatro años de alegría frente a tres de decepción, y yo me quiero quedar con el recuerdo de aquélla chica algo introvertida que leía Cumbres Borrascosas bajo la sombra de un árbol. B.





























